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miércoles, 4 de agosto de 2010

EFECTO PLACEBO: CUANDO NOS CURAMOS EN UN ABRIR Y CERRAR DE OJOS.


Cierto lluvioso día de enero, hace ahora 12 años, un amigo de un amigo personal, se personó en mi consulta para pedir mi ayuda acerca del problema que padecía.

Escuché atentamente y lo que parecía un simple caso de un quiero y no puedo en el terreno sexual, se complicaba sobre manera por el aura de nerviosismo, impaciencia e inseguridad que rodeaba al caballero.

Pregunté, indagué, inquirí a mi "paciente"; cosa lógica, porque primero hay que determinar una posible causa. Pero aquello era como dialogar con una piedra del campo. Su cerrazón me hizo darme cuenta que por aquel camino no había salida.

Bonita cuestión: solicita ayuda y no deja que le ayuden. Una vez hubo terminado la charla, le despedí educadamente y le cité dos días más tarde para recoger su "remedio".


Y en efecto, volvió a por el. Rápidamente me preguntó, cuanto tardaría en hacer efecto. Vamos, "matemática pura" debió pensar. Yo le aseguré que en 24 horas tendría solucionado su problema y que el efecto perduraría durante un buen tiempo. También le dije que se trataba de un "remedio" muy potente y no convenía abusar de el.

Me escuchaba con los ojos como platos y un rostro de sorpresa sustituía al compungido con el que llegó.

No quise cobrar nada y le dije que ya me contaría como le había ido, que ya hablaríamos...

A los dos días recibo una llamada y al otro lado del cable, una voz eufórica:-

¡Maravilloso! ¡Eres única! ¡Que pasada! He vuelto a ser yo....


Bien, su crisis de erecciones había desparecido gracias a mis PASTILLAS DE LACTOSA (azúcar de leche), es decir: "na de na" que diría un castizo.

Y es que el efecto placebo puede obrar milagros. La autosugestión y el convencimiento de que "eso" es lo que nos dicen que es, es poderosísimo. Claro que no siempre es aplicable, sobre todo cuando la cosa es seria de verdad.

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